LA DESPEDIDA

Han venido a decirme que te marchaste con todo el amor en las manos.

Nunca lo podré comprobar, porque en el día menos esperado, ya te habías marchado cuando desperté. Y pese a asegurarte de dejar rastros hasta en el fondo del cajón, hoy estos ya no me provocan ni una mínima reacción.

Pues todo aquello que alguna vez vi en tu mirada se disolvió a cada pestañeo. Y las historias que fui recolectando entre tu cabello, se fueron perdiendo en cada almohada que has recorrido desde entonces.

Y aunque las palomas se jacten de pasar una y otra vez, revoloteándose en tu recuerdo, ahora ya ni siquiera las volteo a ver.

Y ni en la tibiez del atardecer, en el hartazgo de las cuestas o entre el murmullo de la gente, se asoma más tu nombre.

Entre los días aislados y los pares, no hay más ecos de nuestras infinitas voces que se sincronizaban hasta formar aquella melodía particular. Pues el surco de esa sonoridad  ha culminado en silencio.

Y pese a tu intento soez de despojarme de mis propias palabras con las cuales alguna vez te declaré mi amor, seguiré escribiendo nuevas con mejores destinos,

desde aquí con mi agüita de horchata y a 30 grados,

despidiéndote a lo lejos. 

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